martes, 23 de noviembre de 2010

Espíritu infantil

Cuando a un hombre le gusta mucho una mujer suele comportarse de una manera muy particular.
Trata de llamarle la atención a toda costa y una vez hecho esto se encuentra totalmente desnudo.
Es decir, se muestra de una manera auténtica, espontánea, entusiasmado, inquieto, como un niño.
Trata de demostrarle todo lo que sabe hacer, le cuenta sus inquietudes, su vida, lo que tiene, le cuenta lo que le pasa, lo que siente, no saben disimular sus sentimientos. Son totalmente ingenuos y frágiles, como los niños.
Todos estos comportamientos se transforman en un conjuto de ternura que, dependiendo de la mujer si también le gusta, la transforma como la adulta que se enternece a tal niño de ojos brillosos llenos de estupefacción.
Esa adulta puede malcriarlo (hacer todo lo que al niño le guste hacer), educarlo (ponerle los límites cuando sean los momentos adecuados).
Me gustan mucho los hombres, y si hay algo que me encanta de ellos, es esto, su espíritu infantil. Ese espíritu que sin él nosotras no reaccionaríamos, sea de mala o buena manera.
Cada hombre es diferente, pero todos en cierta parte necesitan de una mujer que los cuide, ame, entienda y sea compañera. Que los mimemos y les pongamos a la vez límites, seamos como ese balance perfecto que sabemos hacerlo bien, porque ellos se dejan llevar mucho más que las mujeres.
Ellos necesitan de una mujer que los impacte con su belleza, pero también con su actitud, estar dispuestas a compartir y entender su manera de ver las cosas, respetando sus pensamientos pero hacerles saber nuestros ideales.
Compartir ambos de la misma manera el sentimiento de ser dos almas libres que al compás de la música del amor, bailan juntos.

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